25.6.06

La dueña del aire

Cuando tenía 15 años salimos con todos los chicos del Manuel Belgrano. Yo estaba enamorado de Yanira. El amor de entonces era muy distinto al amor que hoy uno puede encontrar en cualquier lado. Yanira para mi había sido tallada artesanalmente por dios, todo el resto habíamos sido hechos en serie, en la fabrica de gentes.

Ese día lo recuerdo cómo si aún fuera hoy, y sin embargo sigo sin poder describirla. Me acuerdo, que me resultaba difícil desviar mi atención de todo lo que hacía ella (ahora ya hace años que aprendí a disimular esas cosas). Habíamos ido a la Pizzería Argentina y yo me senté a su costado derecho.

Cada vez que la miraba a los ojos le decía te amo en bajito. Nunca me había animado a decirle nada por lo que terminé siendo su amigo. Cuando acabó la comida, ella insistía en ir a “Las tres gitanas” un barcito donde la gente bailaba. Pero nadie quería. A la cuarta vez que tiró la propuesta, confesó que quería ir ahí porque iba el chico que le gustaba. El mundo se paró. Nunca me costó tanto disimular la existencia. Algo se me cayó encima, y me dejó frío y estúpido. No pude hacer un chiste más en toda la noche.

¿Me acompañás vos Pvncho me dijo? Era imposible que ante un pedido de ella yo pudiera decir No. Había en el pecho algo que me sacaba el aire si yo intentaba decir esa palabra.

En el taxi fue lindo y cruel, fue un momento íntimo, yo nunca había estado solo con ella, así de noche. Ella me abrazó fuerte para agradecerme, y otra vez me costó disimular la existencia, pero ahora porque jugaban carreras adentro de mis venas un montón de cosquillas. Hasta ese momento esa era mi experiencia más cercana al amor. Ahora contándolo, me doy cuenta tristemente, que quizá ella ni se dio cuenta de todo eso, y que era probablemente su mente sólo estuviera ocupada por el chico que iba a ver.



Yo todo el tiempo tenía la esperanza que ese pibe no apareciera, que yo tomara fuerza y le dijera que la amaba, entonces ella me besaba. Un beso o cualquier mínimo contacto con ella significaba la gloria. En el bar pasaron cinco minutos más o menos bien hablando de algunas cosas de la escuela.

De repente hizo una exclamación de alegría y tomó fuerte mi brazó “ahí está”. Parecía que dios se había empecinado en jugar con las cosas que pasaban adentro de mi cuerpo, otra vez quedé estúpido y sin poder hablar.

Pasó una media hora o veinte minutos tristes, ella sólo me hablaba de lo lindo que era el chico y ya me había quitado la mirada a mi, nada más miraba para ese lado, a mis espaldas. En un momento le hizo un saludito con la mano y después miró abajo avergonzada. Para compensar yo le dije que a mi me gustaba la chica de verde que estaba en la mesa de enfrente, y me inventé un amor fuerte; tal vez solo para poder hablar yo y que ella no nombrara tanto al otro.

Al fin me dijo que iba al baño. Avanzaba el tiempo y ella no volvía. Yo esperaba intentando pensar excusas de lo que había generado el retraso: se habrá encontrado con una amiga, el baño de mujeres siempre se llena. Fueron muchos minutos tristes. A medida que pasaban los segundos yo sentía como si me fuera cayendo al piso, como si el cuerpo se me hiciera más pesado.

Ya había pasado bastante tiempo, así que decidí ir al baño, aunque no tuviera ganas, sólo para ver si ella estaba hablando con el otro chico. Miré primero disimuladamente, como quien recorre despreocupadamente su vista por cualquier lugar. No la encontraba. ¿qué le pasó? ¿La habrán echado por algo? ¿Se habrá descompuesto? Entre al baño.

Salí del baño. No soportaba no verla. No tanto la idea, como por la cosas que pasaban adentro mío, quería correr tres días una maratón gritando y sin embargo tenía que quedarme parado, casi cayéndome al piso. Hasta que miré a un rincón sin luz, y otra vez una cosa grande llena de tristeza se me tiró encima, y no pude disimular. Se estaba besando en la boca con el chico ese.

Hice otra vez el que recorría el lugar y me fui. Camino a mi casa empecé a llorar y no pude parar en las doce cuadras que me faltaban. Llegué a mi pieza llorando, y no pude hacer otra cosa que abrir mi cuadernito de textos escondidos y escribirle un poema de amor a Yanira. Seguí llorando. Durante un año más estuve enamorado de Yanira, aunque ya no quería y ahora hasta había veces que la trataba mal. A la noche le escribía poemas de amor triste, sin llorar, pero con un nudo en la garganta; mientras ella salía contenta a buscar a su novio.

14 comentarios:

cualquier boludo dijo...

Ouch

Zoimanzanita dijo...

FU!
Que feas esas cosas que te rompen el corazón en muchos, muchos pedacitos, por suerte la basurita esa suele reconstruirse aunque cada vez con más surcos y grietas.
Qué se le va a hacer.
Besos Panchex!

Pvncho dijo...

cualquier boludo y Zoimanzanita: si bien esta situación en particular es ficción, he vivido cosas similares, y la verdad que es un garrón, que parece q nos tenemos que comer

Baterflai dijo...

Es ficción?

Matate, acabo de sufrir al pedo yo también, en este caso por vos.

Ves? Ves? :P :P

Pvncho dijo...

baterflai: bueno lo que es ficción es la situación particular... quién no ha vivido eso o algo parecido... es como que te encierren tus padres tres días en el cuarto sin darte de comer... a todos nos ha pasado.

yo dijo...

me mató la infografía del desamor.

cualquier boludo dijo...

Si, ese tipo de situaciones debería tener un nombre establecido y todo.
Es como uno de esos rituales que separan la niñez de la adultez.

Sil dijo...

me va a costar ponerme al dia pero empiezo hoy leyendo lo del mes de junio :o)

gracias x pasar. volveré!

Sil dijo...

caramba, empezaste en junio ... :o)

Pvncho dijo...

YO: es un recurso que hace un tiempo que utilizo y me gusta mucho.

Cualquier boludo: totalmente, es increíble que existan palabras para cosas tan ridículas como etcherichiacoli, y esto no tenga nombre...

sil: cómo va, je si, me independice hace poco

Intertextos dijo...

Invitado

bullet with butterfly wings dijo...

Ya que me dijiste que La dueña del aire existía, no pude evitar pasar a leerlo. Me hiciste sufrir!! te felicito yo ahora. Ojalá lo mio fuera ficción esta vez.

"camionero" mancusso dijo...

Acá son todos una manga de perdedores lacrimógenos. A mi me hace eso y le pongo un roscazo a la turrita que ni te cuento. eso por andar haciendose el amigo, si la mina no esta con vos no la acompañas ni a la parada, chau que se busque otro gilardo. hay que saberlo, las minas sólo quieren q le metan el dedito... ahora que lo pienso capaz que el otro pancho era yo.

Daniela dijo...

¡Qué historia! A los catorce años se sufre con una intensidad especial...
Cuando vamos creciendo, hasta eso vamos perdiendo! ja!
Un abrazo!
(muy bueno tu blog!)