16.7.06

Los ojos de Adán

Nacer es groso, y sobre todo porque se trata de descubrir. Ahora, cuando te dan un libro de como interpretar el mundo se complica todo, el descubrir es un acto difícil. Muchas veces conocemos las cosas antes que nos pasen, creo que antes de ver una mujer desnuda en vivo había visto unas 3.000 antes por televisión, ese momento igual fue glorioso, pero no había sorpresa.
Cuando empecé a tener sexo, busqué en una enciclopedia información acerca del clítoris, ya sabía que existía, y lo que producia, mucho antés de descubrirlo. En fin... no digo que este mal, simplemente es como se nos dan las cosas.
Poder ver las cosas sin información anterior suele ser un gran premio (por eso nadie quiere que le cuenten el final de las películas), contemplar el acto de la existencia sin prejuicios. Por eso me gusto este párrafo de "Las puertas de la percepción" de Aldous Huxley.

Tomé la píldora a las once. Hora y media después estaba sentado en mi estudio, con la mirada fija en un florerito de cristal. Este florero contenía únicamente tres flores: una rosa Bella de Portugal completamente abierta, de un rosado de concha, pero mostrando en la base de cada pétalo un matiz más cálido y crema; y, pálida púrpura en el extremo de su tallo roto, la audaz floración heráldica de un iris. Fortuito y provisional, el ramillete infringía todas las normas del buen gusto tradicional. Aquella misma mañana, a la hora del desayuno, me había llamado la atención la viva disonancia de los colores. Pero no se trataba ya de esto. No contemplaba ahora unas flores dispuestas del modo desusado. Estaba contemplando lo que Adán había contemplado a la mañana de su creación: el milagro, momento por momento, de la existencia desnuda.

Sobre Huxley
Para leer "Las puertas de la percepción"

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