7.1.08

Crónicas cariocas III

Año nuevo - la fiesta (segunda parte - la fiesta)

El reloj colgado del edificio de enfrente dice que faltan 25 segundos, y el estruendo sale de uno de los cruceros apostados enfrente de la costa, entonces uno tras otro, fuegos artifiales por doquier. La noche se hace día, eclipse invertido. La gente grita, a unos centímetros de mí cae una ojota blanca.

Sacamos nuestra botella de sidra, y brindamos con vasos de plásticos, es fea, pero es año nuevo y es Río. Todo el mundo se empieza a acercar al mar, los ramos y pétalos de flores, van a parar contra el agua. Los que tienen entre 15 y 30 también. Ya es una múltitud la que se atrevio al tema del chapuzón.

El reloj que ya nadie mira, dice que pasaron 15 minutos de las 12, y los fuegos artificiales no cesaron en un solo segundo. En los edificios que miran al mar las luces están prendidas y se dibujan las siluetas de todos sus habitantes mirando el espectáculo que llega de las embarcaiones. De los parlantes, omnipresentes en toda la playa, se escucha una banda sonora similar a la que se usa con las aguas danzantes.

Veinte minutos después de las doce, los fuegos artificiales empiezan a ceder, y la zamba comienza a ganar protagonismo. La mulata que estaba a mis espaladas y que casi de mal humor me había pedido que me corriera, ahora mueve las caderas y se agacha hasta las rodillas de su marido.

Un grupo de veinteañeros forma una rueda , hacen un muestrarios de todas las formas en que el cuerpo entero puede comprometerse al ejecutar una paso de baile, entre ellos un rubio grandote, al cual mandan al centro y comienzan a cantarle, gringo! gringo! Conservando su skoll en la mano derecha el gringo hace un baile, que tal vez en su país hubiera merecido aplausos pero en Río, esos aplausos son un premio al esfuerzo.

No parece haber borrachos. Si ya hay muchos que se echaron a dormir sobre la arena y otros que pasan con sus bolsas gigantes buscando latas de aluminio. Tres hombres que pasan los cuarentas repasan un paso coreográfico. Y suena el hit del verano y todos se vuelven locos y cantan al ritmo de la canción.

Un escola sube al escenario, y todo el mundo zamba, y el que no, extranjero, o solo hace una pausa.

A las 3.30 la música empieza a bajar. La multitud inabarcable, también esta en el camino al metro. Un cartel enorme dice que sólo podrán viajar aquellos que compraron sus boletos anticipados. Una cola larga espera a los cariocas, pero quien les quita lo bailado?.

2 comentarios:

Max dijo...

debe ser una muy buena experiencia, se lee bien al menos, que bueno que al final pudieran ir
saludos!

Araña con antifaz dijo...

Me lei todas las crónicas.. cuanto parecido con nuestro país y cuanta diferencia a la vez, no??

Chicos: ojala sigan pasandola muy bien.. les mando un beso grande a ambos y me alegro que todo se haya podido dar..

Al regreso, si quieren.. nos juntamos.

Beso