24.3.12

Buscaban uno más

Mañana vuelve Buitrago, hoy la memoria. Un texto que escribí sobre una historia real.




U va en el asiento trasero de un Falcon verde. Son las seis de la mañana y van a la casa de M. U dice que es esa. Dos uniformados se bajan y golpean la puerta de la casa. Son las seis de la mañana y dos uniformados violan la entrada, despiertan a M para preguntarle si piensa pintar su bicicleta. M no piensa en la ridiculez de la pregunta, no puede, sabe que no tiene que pedir ningún tipo de explicaciones cuando dos uniformados entran a su casa. M, como si alguien lo parara por la calle para preguntarle la hora, les responde que no, que la compró hace poco y eso sería una pena. Mientras los uniformados dan vuelta la casa. No encuentran lo que fueron a buscar, dan media vuelta y se van. Ahora, M camina unos pasos para poder ver que pasa. Ve los dos uniformados entrando en un Falcon verde. En el asiento trasero su amigo U.

Sin saberlo, había echado por tierra el único ardid de su amigo, y había salvado su propia libertad de casualidad. U es condenado a tres años de detención clandestina, y a un exilio primero en Israel, después en España, que se extendió por el resto de su vida. De haber respondido que sí, los uniformados habrían entendido que era verdad, que ese chico de la secundaria llevaba en su mano un aerosol para pintar la bicicleta de su amigo y no una pared con consignas revolucionarias. O no, y sólo buscaban uno más, y el hecho de que los relatos no coincidan significó la libertad para M. Igual ya es tarde, M ve alejarse a U que lo mira desde el asiento trasero. Será la última vez que se vean como adolescentes. Los próximos dos encuentros que tengan se van a dar en San Francisco, California; ninguno va a poder hablar de aquel día.

Sobre el mismo tema también escribí: El traspaso de la memoria, Von Wernich en Bragado y La económica del 45  

1 comentario:

Gonza dijo...

Excelente.