2.6.12

Buitrago y el deseo sexual

Buitrago se encuentra en la clase de salsa con una antigua compañera del supermercado. Ahora la ve distinta, el uniforme le arruinaba el cuerpo, la convertía en un playmobil. En esa clase y con calzas azules puede apreciar sus piernas y caderas, pero sobre todo la sonrisa genuina que las cajeras nunca parecen tener.

Mientras hacen un ejercicio juntos ella lo invita a comer. A la noche prepara una pastas y Buitrago se encarga de llevar un Malbec. Él disfruta ese descubrir, como si ahora hubiese quitado un velo y puede verla por primera vez en todas sus dimensiones, su humor, la forma en que se acomoda el pelo, como tararea la música que le gusta y como arrastra la letra ge cuando habla.

Aunque él se opone, ella se levanta a lavar los platos, tal vez por obsesiva, tal vez porque quiere un descanso de la charla. Buitrago la mira como a un paisaje, como a la naturaleza sucediendo. Quiere acercarse, correr el pelo y besarle el cuello, abrazarla hasta apretar cada parte de su cuerpo, sentir las curvas hundiéndose en él, desabrocharle el jean y apretarle el pecho con las manos.

Pero esta en una silla un poco borracho y escuchando el agua sobre los platos, mirando como su figura se recorta en la cocina. Siente también la naturaleza sucediendo en su interior, se pregunta si todos los hombres del mundo le tocan el culo a las mujeres cuando lavan los platos. Se pregunta y suena Palo Pandolfo, tiene un vaso en la mano y un deseo irrefrenable de estar entre la piel de esa mujer.

Buitrago se levanta.


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