21.7.12

Buitrago y los tres deseos


De chico Buitrago imaginaba la situación en que alguién se le acercaba y le concedía tres deseos, lo que quisiese. Buitrago siempre quiso estar preparado para ese momento, según pasaban los días encontraba un deseo nuevo, poder detener el tiempo, ver a través de las paredes, correr más rápido que nadie, tener mucho dinero, viajar en el tiempo, vida eterna, mujeres, teletransportación; había en él una producción en cadena de deseos que explotaban como burbujas en líquido hirviendo.

Con el tiempo cada vez más escéptico de que tal fenómeno se pudiera dar, dejó de imaginarse cosas nuevas, por el contrario empezó a aferrarse cada vez más a sus mejores deseos. Se preguntó qué cosa de todas esas lo haría realmente feliz hasta el último de sus días. Después del descarte se quedó con dos: ser invisible y volar.

Siguieron pasando los años y entendió que ser invisible implicaba ver cosas que era mejor no verlas, escuchar cosas no debería escuchar, ver la cocina del mundo, sus miserias, las personas hablando de sus defectos a su espalda. De chico la invisibilidad le servía para ver a la chica que le gustaba mientras se bañaba, no había imaginado esa parte cínica del deseo.

Ahora sabe que si viene un genio le dice que quiere volar, pero no a velocidades astronómicas como superman, sino más bien como escalando el aire y tirándose por un tobogán, no un super poder, simplemente un deseo. Buitrago no se impacienta, pero igual espera a que alguien venga a concedérselo.

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