19.9.12

Buitrago y el agua potable

Es sábado y Buitrago se levanta tarde, ayer salió de joda. Abre la ducha y se queda sentado en el inodoro hasta que el agua empieza a salir caliente, en su mente recuerda la noche anterior, conoció a la prima de una amiga que vive en La Plata. Entra rápido en la bañera no le gusta desperdiciar agua potable, cierra los ojos y trata de imaginar que no son gotas sino un chorro grande y suave que lo acaricia. Tenía buenas tetas la platense piensa.

El vapor empieza empañar los azulejos, y se frota el shampoo sobre la cabeza. Se acuerda que hablaron de los redondos, discutieron oración a oración La hija del fletero y Tarea fina. Le gustaría ahora poder prender la computadora y poner Tarea fina. Buitrago la invitó dos vueltas de fernet y salieron a bailar, lo poco que podían entre los empujones de la gente. En un momento se tomaron de la mano.

Cierra los ojos y sube la cara en dirección a la ducha, se imagina un masaje facial, se imagina su cuerpo liberando toxinas de ayer, se imagina limpiando el humo del tabaco impregnado en la piel. Abre la boca y traga un poco de agua, es agua potable y caliente, la siente recorrer los tubos internos de su sistema digestivo y descansar en el estómago. Puede imaginarse con los dedos la textura de la mano de la platense, una mano chica de huesos finos y piel que parecía una sábana de hotel.

Recuerda que hablaron de las manos, de tocarse las manos, se invitaron a ese gesto mínimo “ahora” dijeron y comenzaron a explorarse las arrugas de los nudillos, las cosquillas de la palma, rozaron los caminos de las huellas digitales, pero a los ciegos no les gustan los sordos y un corazón no se endurece porque sí, cantaba El Indio y Buitrago tenía los ojos cerrados, en su mano derecha el revés de la mano de la platense recorriendo de forma descendente las líneas de su palma. El bar parece más perceptivo a demostraciones exageradas, la chica del piercing en la ceja moviéndole el culo al snob de gorro o la cerveza cayendo en los labios de la morocha del lunar en la boca.

Buitrago siente la espuma del jabón que le cae por el cuerpo y es como si lo malo de la noche se estuviese yendo por ese camino de burbujas que se agolpa hasta la rejilla de la bañera. Recuerda cuando le acerco la cara a la platense y sintió la dureza de sus tetas contra el pecho, ella cerró los ojos y se rozaron los labios, después le pasó la nariz por el cuello Está dormida o finje que duerme,
llega una mosca y se posa en su boca y sin embargo mi mundo termina en ella cantaba el Indio y sentía como una lengua húmeda le subía por la aorta. La apretó contra su cuerpo tan fuerte como pudo, no quería que se escape ese momento, necesitaba una especie de foto pero que contenga todos los sentidos algún modo de guardar ese instante para volver de vez en cuando a ese lugar.

Ya no le queda jabón que sacarse en el cuerpo, pero quiere quedarse un rato más, sin sentirse culpable de estar dilapidando agua potable, al menos por hoy necesita sentir como las gotas le rebotan en la espalda. Recuerda palpar con la boca los labios de la platense, el choque de lengua y la multitud empujándolos. No, hoy no va a cortar la ducha, siente que hoy puede dejar un rato más ese recuerdo.

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